
La crisis es el pilar fundamental alrededor del que se están elaborando la mayoría de los discursos electorales, y previsiblemente podría inclinar la balanza del lado conservador.
El Partido Popular tiene en esta recesión una plausible oportunidad para imponerse en los comicios europeos, suerte de barómetro nacional de cara a las próximas elecciones generales. Ante las galopantes cifras de parados en España, cualquier oposición que se precie ya acariciaría con las manos un triunfo aplastante, pero no es este el caso del partido de Mariano Rajoy, que ya no solo salpicado, sino empapado por un tsunami de corrupción, debe de ocuparse de limpiar los deshechos de su propio patio antes que echarlos en el ajeno. Y la porquería se sigue amontonando en la sede de la calle Génova, con visos de alcanzar proporciones de vertedero municipal. En definitiva, un partido político que se presenta como la solución única para la salida de la crisis y que se encuentra sumido en otra de carácter interno, de la que aún nos quedan muchos capítulos por vislumbrar.
Los electores no entienden de terminología bursátil, solvencia, hipotecas
subprime o burbujas inmobiliarias. Simplemente se ven sin trabajo de un día para otro y es inevitable mirar hacia arriba, a los que mandan, para buscar a los culpables. El gobierno socialista está siendo víctima de la agonía del modelo productivo basado en la construcción. Aún así no son tantas las medidas que Zapatero está tomando contra la crisis como las que ha puesto en marcha para granjearse el voto de diversas minorías. Leyes controvertidas como las de la píldora del día después o la reforma de la ley del aborto salen ahora a la luz, coincidentes sospechosamente con la proximidad de unas elecciones europeas y con el efecto que producen los medios de comunicación de masas, encargados de poner en jaque a la sociedad.
El bipartidismo canovista que impera en nuestro país deja al resto de partidos en la marginalidad del espectro político.
No sé que hacer. Si a los ciudadanos se nos pide renovar a la élites políticas cada X tiempo, y muchas de ellas miran por sí mismas con más ánimo de lucro que propensión al cambio social... podrían hacerme partícipe de un pedazo de esa tarta, ¿no?.
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