
El maestro Kubrick se desliza con soltura por una historia sobre la obsesión sexual y cómo ésta puede derivarse en otros desórdenes, que acabarán por mermar psicológicamente la amueblada cabeza de un hombre cultivado, consciente de la aberración social que suponen sus pensamientos libidinosos; un tabú que intenta evitar auto-proclamándose nueva figura paterna de la joven, aunque el espectador percibe una mirada en los ojos del profesor distinta de la que un padre dedicaría a su hija.
La siempre difícil combinación de géneros se ejecuta en Lolita con magistral armonía, añadiendo detalles cómicos a una auténtica tragedia (incluso con un guiño a la "Slapstick comedy"), conformando un film sólido y equilibrado. Una adaptación cinematográfica muy personal, como lo eran todos los trabajos de Kubrick, y en definitiva, un cuento sin moraleja alguna ya que todo deriva de lo fortuito hasta converger en lo ineludible y nefasto.